Según el filósofo japones Daisaku Ikeda existen en cada semana dos días de los cuales no tendríamos que preocuparnos jamás.
Uno de ellos es el de ayer, del que no podemos borrar uno sólo de nuestros actos, ni quitar una sola palabra de la que pronunciamos.
El ayer no está más.
El otro es el mañana, con sus adversidades posibles, sus cargas, sus promesas y sus realizaciones.
No tenemos poder sobre el mañana porque aún está por llegar.
Nos queda un solo día: HOY cuando todos podemos librar el combate pero sin cometer el error de añadir el peso de esas dos extremidades temibles que son el ayer y el mañana.
Si nos quedamos en la superficie del concepto despreciaríamos la experiencia de lo vivido
y las presiones para la que aún nos resta vivir.
Ambas cosas tienen un gran valor,
pero no como para matar el hoy.
Acordemos olvidar, parte del ayer y no nos desesperemos hoy pensando en el abrumador mañana.
Sería bueno que hoy mirando de soslayo el pasado, intentáramos disimuladamente espiar el futuro.
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