San Pedro Verde Cercano

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lunes, 7 de julio de 2014

Sólo una vez...




La casa  pintada de rosa, con ventanas oscuras...
Fermín sólo la vio una vez, pero desea retenerla por siempre.
Ya no podría olvidar las piernas largas y las trenzas adornada con hilos de colores.
Es sólo una niña, repetía una y mil veces.
¡Suerte que tenía una concesionaria de autos!! Qué papelón, que lo viesen pasar todos los días a las 07:30 hs y a las 13:00 hs por el mismo lugar.
Él… un hombre serio, de negocios y con una reputación no muy halagadora entre polleras y menos entre sus pares a quienes les entretenía a sus mujeres más de una vez.
Todas queieren estar con Fermín y Él no se hace rogar.
Los hombres lo envidian, lo celan, pero no le temen, conocen su encono con las ataduras casamenteras e idilios formales.
Pero esa niña lo tenía inquieto.
Miranda no está ni enterada de su admirador secreto. Todos los días sale 7:20 Hs para llegar al colegio y regresa 13:00 Hs.
15:00 Hs. Vuelve a salir para cumplir con otras tareas, apenas termina regresa a su hogar sin dudar.
De noche no acostumbra a salir, ni siquiera con las amigas.
Martes, 14:00 Hs. Fermín decide tocar la puerta de la calle Zapiola 430.
Por un día… ¿Quién sabe? Se convertiría en un simple vendedor.
Miranda escucha el timbre de la casa ¿quién será?
 Su madre no pasó una buena noche y apenas si logra hacer dormir a su pequeño hermano. No espera a nadie.
 Antes de que el timbre vuelva a perturbar el silencio del hogar se apresura  y con desconfianza abre la mirilla.
Se queda sin palabras, no espera encontrar semejante hombre frente a su   puerta.
Él la mira tratando de no revelar nada en sus facciones, pero con la mejor sonrisa, saluda primero. Ambos sin saberlo midiéndose palmo a palmo.
Fermín toma conciencia de que ella es realmente una niña, más aún lo confirma cuando abre tímidamente la puerta vistiendo pantalones cortos, remera al descuido y su trenza enrollada.
 No siente culpa alguna.
 Miranda lo observa con rubor.
Al fín! Él habla, explica que está vendiendo.
Se hace difícil no mirar, son tan lindas las cosas que vende!, todo le fascina, todo es muy especial, pero no puede comprar ni un alfiler.
 Miranda levanta los ojos del paño de muestras encontrándose con la mirada  oscura del vendedor que la observa de manera especial y el instinto le dice que tenga cuidado, se asusta antes  su propia alarma, no entiende…
 Nerviosa le explica  que no puede comprar nada, que la disculpe.
Él observa y absorbe cada detalle en las facciones de la niña y desea con toda el alma besarla allí mismo.
Miranda no sabe cómo comportarse, se siente tonta e insignificante, tampoco puede decirle porque no compraría nada.
Fermín se da cuenta que la incomoda, se disculpa y casi retirándose decide dejarle unos aretes hasta el día siguiente, para que ella se los pruebe y de esta forma tener una excusa para regresar.
Qué edad tendrá? 16, 18, 20 ¿qué importa? Si Él con sus 36 estaba hecho un pelele.
Miranda no puede hacer otra cosa que mirar y sentir el peso de los pendientes que Él había depositado delicadamente en sus manos.
Tiene dos o tres amigas, pero a ninguna le cuenta lo de este vendedor, siente como cierto recelo o temor.
Fermín esta dispuesto a conquistarla; primero tiene que estar seguro ¿qué busca en realidad? No sabe por qué, pero no quiere una aventura, se burla de sí mismo, pero no cambia de parecer.
Miranda esta inquieta, no ve la hora de llegar a su casa, las horas escolares se le hacen una eternidad, sus profesores detectan la inquietud  de la alumna y preguntan que está pasando, ella dice estar agotada y no se habla más del tema.
Como siempre al llegar al hogar, arregla el almuerzo, se lo alcanza a su madre más temprano que nunca. A su hermanito le cuesta dormir la siesta acostumbrada,  ella necesita que sí o sí se duerma para poder descansar y estar sola un rato, con esa soledad que necesita el corazón para encontrar el equilibrio justo y no estallar.
Por fin a las 15.30 HS. tiene todo en su lugar, preparó café, aromatizó el ambiente y puso una canción en la vieja consola, cosas que solía hacer cuando era feliz y esta vez lo era.
No quería detenerse a pensar.
16:00 hs., el timbró no sonó, 16:30, nada, ningún sonido de la calle se filtra, por lo que se siente incómoda, tonta, ante la pregunta que sin querer martilla en su cabeza ¿vendrá a buscar los aretes?
17:00 Hs. Por fin el timbre irrumpe el silencio opresor de su hogar, no se apura por llegar a la puerta, no quiere que la perciba nerviosa, camina despacio y con fingida serenidad abre la puerta ¡no era el vendedor!
¿Qué pasa? Se irrita con su amiga como si fuera la culpable de su inquietud. Trata de calmarse, de no aparentar ansiedad y contrariedad.
Su amiga se va, sin que Miranda  haya comentado nada absolutamente nada.
Mientras tanto Fermín, no encuentra excusa para   finalizar la odiosa reunión, no puede concentrarse, se siente inquieto, infeliz.
Su amigo, su único amigo lo observa y esta muy seguro que algo no anda bien,  lo conoce lo suficiente. No pregunta nada, espera que Él cuente, que hable, que revele su malestar como siempre mediante un café.
Pero no hablaron, ni ese día ni en los siguientes.
Fermín decide no ir por Miranda, lo pensó hasta quedar agotado y llegó a la conclusión de su miseria,  no puede acabar con la tranquilidad de la niña, pero su interés por ella va más allá de toda razón.
Percibe que algo ha cambiado en la niña, su andar lento como si arrastrase pesar en sus pasos ¡qué ganas de correr, abrazarla para disipar toda tristeza, llenarla de besos y arrancarle solo sonrisas. Sólo debe conformarse con disfrutarla de lejos.
Ambos siguieron con su vida…
Ella se quedó con los pendientes y Él se ahoga en su trabajo, no sale, no corretea detrás de las mujeres y su amigo está preocupado.
¿Estará enfermo? Problemas de negocios, sin duda no son, todo el mundo sabe que Fermín es extremadamente cuidadoso y no se deprime por los inconvenientes que pudiesen surgir.
Pasaron más de 15 días y nuevamente uno de los coches 07:30 Hs. circula por Zapiola 430, la ve salir con un niño  tomado de su mano con total naturalidad, la sigue hasta la guardería, luego a la escuela y decide que ese día iría a buscar sus aretes; ¿qué importa la edad, el pasado, cuando un nuevo sendero se abre como oportunidad? Sólo quiere amarla por el resto de los días.
Miranda está muy cambiada según sus compañeras de curso, no es la misma parlanchina, ruidosa, ya no es la alegría del salón, se encierra en sí misma alejándose de todos.
Se percibe su tristeza, una tristeza que no termina con el día, queda atrapada en su corazón, al que siente muy pesado y teme no poder cargarlo un día más. Una angustia diferente a las anteriores le causa dolor de estómago, siente más allá de su alma que necesita ver al vendedor, que lo necesita sin entender por qué, siente que el destino es cruel, está muy enojada, pero no puede seguir así; su madre…, su hermano la necesitan, ellos son su vida, su mundo, se propone  poner punto final a semejante turba emocional.
Sábado… decide escuchar música, limpiar, ventilar y sacar toda la tristeza de su escondite, cerca del mediodía toma conciencia de la hora y de que la tristeza ya no habita en su corazón. Tiene mucho por hacer, convencida de esta reflexión no se detendría  hasta terminar.
A media tarde, el timbre repiquetea y se mezcla con la música de Zapiola 430, tarareando la canción y con las manos sucias de tierra abre la puerta y queda paralizada por el asombro y la emoción, no podía hablar, pero con la mejor sonrisa lo hace pasar, olvidando de ser cuidadosa, hablando a borbotones.
Ambos están felices, pero sin encontrar las palabras justas para expresar esa felicidad. Fermín no puede pensar, sólo la mira como queriéndola atrapar, encerrarla entre sus brazos y su amor.
De pronto ella gira y sin darse cuenta que tan solo los separan dos pasos y no pudiendo retroceder, descubre que el aroma masculino la embriaga, la deja clavada en el lugar.
Él no puede evitarlo, estira su brazo atrayéndola hacia su pecho y su corazón, con lentitud, con dulzura, dándose cuenta que ella le corresponde, se siente halagado, dichoso.
Miranda descubre que su corazón no miente, siente que es lo correcto, que lo desea con todo su ser y en un suave movimiento termina acercándose a Èl, ofreciendo su mirada cándida cargada de tibieza y amor. Sus ojos color canela se funden en la fiebre del deseo pidiendo mucho más.
Ambos se dejan ir, dejan que la felicidad los consuma.
Él trata de ser cuidadoso, de no abrumarla con su pasión.
Se miran, se tocan, pero no hablan….
Sienten que deben dialogar, Miranda en suave reticencia lo acomoda en el sofá, Fermín sabe que llegó la hora de la verdad, le cuenta que no es vendedor, que los aretes fueron  excusas para acercarse, que desde que la vio la primera vez quedó prendado y no la pudo olvidar.
Miranda, habla sobre su madre, sobre la enfermedad que la mantiene postrada gran parte del día, de su hermanito Mateo, de su padre que hace meses dejó de existir por cosas de la vida y de un fín de permenores que formaba parte de su diario vivir.
Él está muy seguro...  quiere amarla y respetarla más allá de todo, más que a nadie en esta vida y aunque sea SÓLO UNA VEZ llegar a destino siendo feliz.

"KIRA"







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