Almohada…
Eres el último rincón del peregrino,
que busca dejar su aliento cansino,
balbuceando nombres
salivando sueños
que no llegan a destino.
Confidente mustio
entre tantos que pasaron
buscando consuelo entre el gris de tus plumas.
No tienes dueño… arropada estás
con cientos de historias
que acumuladas están
entre hilos que envejeciendo van.
Al compás del peregrino
que deja su risa, su dolor
invocando suavemente un secreto de amor.
Ahí en tus costuras
se dibujan huellas sin nombre.
Con lagrimeos derramados
te dejan surcos constantes
sin color, aroma, ni sabor.
Almohada del peregrino,
no tienes rostro, no tienes voz.
Confidente silencioso
de errantes almas buscando amor,
queriendo matar el destino
antes del amanecer divino
que dibuja la cruel verdad.
KIRA

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